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miércoles, 6 de enero de 2010

¿Es perjudicial el chupete de mi hijo?


Tan antiguos son los chupetes como la controversia que genera su uso. Sus defensores subrayan que puede calmar la ansiedad y el estrés de los más pequeños incluso se ha recomendado para reducir el riesgo de muerte súbita. Sus detractores, en cambio, aseguran que interfiere en la alimentación materna porque puede confundirse con el pezón y ahora se afirma también que podría afectar al desarrollo del lenguaje.

Sean beneficiosos o no durante las últimas décadas, el estilo de vida de la sociedad ha favorecido un aumento destacado del uso de biberones y chupetes. Parece haber consenso en que estos, si se retiran a una edad adecuada, no tienen por qué interferir en el desarrollo normal de los dientes, aunque siempre conviene informarse sobre un uso prudente.

Numerosos son los estudios realizados sobre el tema. Los resultados de un ultimo estudio mostraron que retrasar el uso del biberón hasta que el niño tenía al menos nueve meses reducía el riesgo de desarrollar trastornos del lenguaje en edad preescolar. Por otro lado, los menores que succionaron sus dedos o utilizaron un chupete durante más de tres años mostraron ser hasta tres veces más propensos en el desarrollo de trastornos del lenguaje. Los efectos perjudiciales de estas conductas se concretaron en dificultades para pronunciar ciertos sonidos de palabras o para simplificar su pronunciación.

La hipótesis de los investigadores se basa en que los niños, cuando se chupan el dedo o usan de manera habitual chupete o biberón, no ejercitan todos los músculos de la cavidad oral impidiendo que se desarrollen completamente la capacidad para el habla. Por el contrario, durante la lactancia materna, el bebé ejercita todos los músculos de la boca, cara y la lengua, y logra una mejor capacidad de habla. Estudios anteriores ya habían revelado que el amamantamiento es beneficioso en el desarrollo de la respiración coordinada, el acto de tragar y la articulación del habla.

El hábito de succión de los niños pequeños se debe a un reflejo natural. ya que lo relacionan con la capacidad de supervivencia, ya que le permite alimentarse y crecer. Puesto que es un mecanismo reflejo, es fácil observar que el niño simula la succión, después de haber terminado la toma. De la misma manera, durante las primeras semanas, es probable que repita este gesto cuando se le acerque algo a la boca. Es un error frecuente interpretar esto como una falta de aporte en la alimentación del niño.
Los bebés experimentan una sensación de seguridad derivada de la succión. Les relaja y tranquiliza porque consiguen una sensación placentera y reconfortante. Por este motivo, no se le debe forzar a interrumpir este "chupeteo". El efecto relajante es tal que permanece mucho más allá de los primeros meses de vida, cuando el reflejo de succión ya no es necesario en su función nutricional: es frecuente encontrar a niños de tres o cuatro años con un chupete o que chupan el dedo.

Para la retirada de el chupete se recomienda que en la segunda mitad del primer año se reduzca su uso y que sea en el segundo año cuando ya se deje de usar en ciertas situaciones como el hecho de ir a dormir, o al tener una rabieta para tranquilizarlo.

No es aconsejable castigarlos o incluso dejarlos en ridículo delante de personas para intentar que se desprendan de ellos es mejor alabarlos en el momento que no lo tengan eso si siempre teniendo en cuenta que puede ser un proceso lento y que no hay que perder en ningún caso la paciencia.

Para finalizar solamente deciros que una vez se haya retirado el chupete nunca hay que caer en el error de devolvérselo si al tiempo vuelve a pedirlo.

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